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Colombia y Venezuela: oportunismo y espejo político

Colombia y Venezuela: oportunismo y espejo político

FARC

El domingo 27 de mayo se celebran elecciones presidenciales en Colombia. Venezuela, por su lado, reeligió a Nicolás Maduro en un proceso sumamente cuestionado. Carlos Sánchez Castañeda, colaborador colombiano de Trama, reflexiona en torno a las conflictivas relaciones entre estos dos países y cómo algunos problemas recrudecieron últimamente.   

 

En casi 200 años de historia Colombia y Venezuela han vivido una historia de amores y odios. Tras su separación en 1830 hasta la actualidad, la relación de estos dos países ha pasado por acercamientos, discusiones fronterizas, crisis diplomáticas y demás. Sin embargo, con la actual campaña por la presidencia de Colombia y con la crisis a todos los niveles que sufre Venezuela hay un fenómeno reciente que merece ser caracterizado y analizado: el oportunismo político de ambos lados de la frontera para provecho de sus propios intereses.

El caso colombiano

En mi opinión, los políticos que hacen campaña con propuestas merecen un respeto superior a aquellos que lo hacen comprando votos, arreglando contratos o negociando cuotas burocracitas. Sin embargo, cuando estas propuestas se basan en aprovechar el miedo de la población, el carácter cultural de ésta y la desinformación, están cayendo tan bajo como el político que cambia un voto por un mercado o por una teja de zinc.

Es el juego que practican algunos sectores políticos ligados a la derecha y ultraderecha en Colombia. Usan el carácter conservador de la sociedad colombiana, los problemas que atraviesa el vecino país de Venezuela, el miedo, y la volatilidad de los canales de información y las redes sociales para mezclarlo todo en una bandera de campaña: el miedo al “castrochavismo”.

Si usted, amigo lector, no es colombiano, le explico lo que este concepto encarna. El castrochavismo es, según estos grupos políticos, más o menos una doctrina ideológica parecida al marxismo – leninismo – estalinismo – maoísmo (y todo lo que suene a izquierda) surgida en Cuba y Venezuela por Castro y Chávez. Para este sector político, la aplicación de esta ideología en Venezuela es la causante de los graves problemas que atraviesa este país, pobreza, desabastecimiento, inseguridad, etc.

Si a todo esto, le sumamos la gran cantidad de migrantes venezolanos que a diario atraviesan la frontera para llegar a Colombia en busca de mejores oportunidades, es común escuchar políticos diciendo que “nos vamos a convertir en una segunda Venezuela”, que “se le va a entregar el país a las FARC”, que “Maduro está aliado con Petro/Fajardo/De la Calle” (candidatos de centro, centro izquierdo, o izquierda) para implantar el “castrochavismo” en Colombia. Es más, hace poco recibí un volante invitándome a votar por una candidata que prometía acabar con el “Petrochavismo” en Colombia.

A muchos colombianos no les huele bien lo de Izquierda por razones históricas: el carácter fuertemente católico del país, y las guerrillas comunistas que mutaron en guerrillas narcotraficantes, que causaron secuestros, extorsiones y otro tipo de crímenes. Ese temor y rechazo a otras opciones políticas las puedo entender y respetar; lo que creo que es un juego sucio es la desinformación para llevar a la gente a las urnas asustada.

Juzguen ustedes: Germán Vargas Lleras, hoy candidato presidencial, cuando fue Ministro de Vivienda y vicepresidente e hizo su campaña presidencial anticipada entregando viviendas populares a lo largo y ancho del país dijo en un evento de entrega que las casas que se entregaban “no son para Venecos”, expresión por demás peyorativa hacia los venezolanos.

El mismo Lleras, Uribe, Duque y Ramírez, en innumerables entrevistas, trinos, campañas, volantes, etc. recalcan que, si salen elegidos o elegidas, sus gobiernos no van a ser como Venezuela, que no permitirán que Colombia termine como el vecino país y que ellos son la solución, además, para defender la familia de “la ideología de género”, cuestión que merece un escrito aparte.

Estas campañas han tenido efectos reales en resultados electorales, ya sea en el pasado plebiscito para refrendar el proceso de paz con las FARC y las recientes elecciones parlamentarias y todo parece apuntar que lo tendrá en las elecciones presidenciales. Y es que Según la Gran Encuesta Invamer de Caracol TV, Blu Radio y SEMANA, el 55,4 por ciento de los colombianos consideran que el país está en riesgo de volverse en un futuro como Venezuela.

Así, que, señores candidatos, antes de hacer campañas absurdas, desinformadoras, basadas en el miedo y la estigmatización, dense cuenta de que Colombia ya está bastante mal: las personas no tienen acceso a los servicios de salud, los niños mueren de hambre en las regiones más apartadas del país, la corrupción se adueña de los recursos, la justicia no les llega a las personas. En sí salir a la calle ya es un peligro en todas las ciudades de Colombia. Que bueno sería, para el bien de la democracia y la política colombiana, que el debate político se diera en base a esas problemáticas reales del país.

El caso venezolano

Por otro lado, la puesta en marcha del llamado “socialismo del siglo XXI” y la “Revolución Bolivariana” no es más, a mi parecer, que el uso de la bonanza petrolera en Venezuela para la puesta en marcha de políticas populistas en un país que estaba cansado de la corrupción y los partidos tradicionales. Esta llamada revolución ha llevado en lo económico a la dependencia exclusiva del petróleo y al debilitamiento o desaparición de otros sectores productivos.

Este modelo de gobierno, populista y autodefinido como revolucionario ha traído la necesidad del afirmamiento de una identidad “bolivariana” y “patriota” frecuentemente construida con la oposición de lo que para muchos en ese país es lo colombiano, lo oligarca, lo paramilitar y “la traición a Bolívar”.

Es común entre las expresiones del oficialsmo en Venezuela encontrar a los colombianos, o “neogranadinos” como los enemigos de Simón Bolivar, como los que traicionaron ese sueño de una patria grande, como los enemigos de la Revolución Bolivariana. Y aunque es común que las identidades e idiologías se afirmen en contraposición con el otro, lo preocupante en el caso venezolano es que este discurso provenga de la oficialidad y del mismo gobierno.

Y es que si por acá llueve con el fantasma del castrochavismo por allá no escampa. Según Maduro, ese astuto presidente de la multiplicación de los panes y de los penes, o de los libros y las libras, los atentados que logró desmantelar en su contra fueron gestados en Bogotá, y no se queda corto en el tema, también afirma que la “oligarquía bogotana” ha soñado con gobernar Venezuela desde tiempos de Santander. A propósito de este personaje histórico, Maduro afirmó en una de las últimas crisis diplomáticas con Colombia que el presidente Santos “No parecía el presidente Santos que he conocido, se parecía a Santander. Era como ver la cara de odio de Santander. Lo vi fuera de sitio”. Así como la ideología de género, creo que el uso político de la historia en el caso venezonalo, especialmente con el personaje de Santander merece un artículo aparte.

Sus habilidades como estadista también parecen incluir la profecía, y si no lo es, un historicismo decimonónico que lo lleva a vaticinar que “llegará el día en que el pueblo de Venezuela y el pueblo de Colombia, unidos, seamos testigos de la derrota histórica de la oligarquía bogotana”.

Maduro y los dirigentes venezonalos no solo usan la retórica contra Colombia y su historia para afirmar sus posiciones ideológicas, también lo hacen para culpar al país (como si Colombia no tuviera ya demasiado con sus propios problemas) de los males que padecen en Venezuela. Por ejemplo, que la inseguridad en la frontera es causada por grupos paramilitares colombianos, que los contrabandistas colombianos desestabilizan el país, que los migrantes colombianos son los delincuentes en las calles venezonalas, que en Bogotá se hacen planes para derrocarlo y de nuevo un largo etcétera.

Entonces, señores candidatos colombianos, no estamos en riesgo de convertirnos en Venezuela. Nosotros tenemos nuestros propios problemas. Así que, como ya lo señalé lineas arriba, basta de jugar con el miedo y la desinformación, y pongamos sobre la mesa el verdadero debate del país. Si no ocurre ahora, por lo menos pidamos que ocurre luego de las elecciones. Nunca es tarde.

Y, señores gobernantes Venezonalos, nosortos acá en Colombia, como ya todos lo saben, tenemos suficientes problemas como para querer exportarlos a su país. No tenemos la culpa de su incompetencia, de su corrupción y del fracaso de su modelo económico basado en la dependencia del petroleo como fuente de riqueza, y sobre todas las cosas, no tenemos la culpa de Maduro y la astucia con la que cada día se supera a sí mismo como el pésimo presidente que es.

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