Divulgación literaria argentina N°3: “Una casa junto al Tragadero” de Mariano Quirós y “Bestias afuera” de Fabián Martínez Siccardi

Dos historias de fantasmas ambientadas en el interior de la Argentina. Mientras en el relato de Martínez Siccardi estos seres espantan a los vivos de modo clásico y acechan a los personajes para producirles miedo, en la novela de Quirós los fantasmas parecen más bien parte de un paisaje que enmarca la crueldad y la violencia de los seres vivos.

Una casa junto al Tragadero (2017), Mariano Quirós. Tusquets Editores, 232 págs. 

Bestias afuera (2013), Fabián Martínez Siccardi. Alfaguara, 128 págs. 

Quiros

Un fantasma recorre la literatura argentina y no es el fantasma del comunismo, sino precisamente el de la literatura sobre fantasmas. Dos ejemplos acabados de este género en nuestra biblioteca reciente son las novelas de Mariano Quirós Una casa junto al Tragadero y Bestias afuera de Fabián Martínez Siccardi.

Si bien en un primer momento fueron las similitudes de estas dos novelas lo que llamaron mi atención (personajes solitarios habitando territorios hostiles con la única compañía de un perro, historias situadas en el interior del país y muy lejos de la Capital, la extrañeza provocada por las apariciones de fantasmas, relatos cargados de violencia y, por momentos, contados en clave de terror), las diferencias en el trato de estos elementos y en los objetivos narrativos de los mismos fueron los que me motivaron para la escritura de esta nota.

El Mudo es el protagonista de la novela de Quirós. Su historia es contada en dos líneas temporales: la primera, cuando el personaje llega al monte chaqueño y decide habitar una casa abandonada junto al río Tragadero y conoce a los escasos y extraños vecinos del lugar, y la segunda cuando, ya asentado en su nuevo hogar, el Mudo comienza a ser hostigado por un grupo de jóvenes ecologistas por la nueva costumbre adquirida del protagonista de cazar monos.

Florián, por el otro lado, es el personaje principal de Bestias afuera. Él es un joven agrónomo que acaba de llegar a un campo de la Patagonia para realizar su trabajo en una estancia en la que habitan —aparentemente— sólo tres personas: un viejo con problemas de salud, una atractiva y misteriosa mujer y su pequeño hijo. Sin embargo, Florián, desde un primer momento, siente una presencia extraña que con el correr de las páginas irá creciendo en la vasta soledad de la estancia.

Los fantasmas recorren ambas obras, pero ellos trazan diferentes caminos. Mientras en el relato de Martínez Siccardi espantan a los vivos de modo clásico y acechan a los personajes para producirles miedo y luego daños, en la novela de Quirós los fantasmas parecen más bien parte de un paisaje que enmarca la crueldad y la violencia de los seres vivos.

H. P. Lovecraft, en su trabajo crítico, define a los fantasmas como fuerzas ocultas que vuelven del pasado y que para que los mismos sean verdaderos deben despertar un profundo sentimiento de pavor.

Siccardi

En la novela de Martínez Siccardi, el fantasma es un ex trabajador de la estancia que  —en vida— cazaba y torturaba animales por placer y que, después de su muerte, regresa en su forma espectral para continuar con su tarea y exterminar hasta el último animal en pie. Es un fantasma que sólo parece ser percibido por el protagonista y su perro, pero que, aun así, demuestra ser demasiado real para el lector ya que, sin dudas, es una presencia que atemoriza.

Los fantasmas de Quirós, en cambio, parecen ser vistos por todos los personajes en el monte chaqueño. No provienen del pasado sino del presente ya que antes de conocerlos en su forma espectral, Mariano Quirós primero nos los introduce en vida. Es la muerte de estos personajes lo que libera sus fantasmas en el monte y que, luego, son reconocidos como tales no por asustar a los vivos, sino por su extraña particularidad de caminar en reversa. Esto último puede ser explicado por la siguiente cita de Una casa junto al Tragadero: “les parece una decisión correcta, planteada con una especie de lógica, pero acá en el monte hay que pensar al revés que en la ciudad”.

En resumidas cuentas, los fantasmas de Quirós no asustan, no intervienen en el relato ni en el mundo de los vivos, sino que habitan en su propia dimensión donde las cosas parecen transcurrir en paz, en orden y sin violencia. En esta novela, son los humanos los que están de reversa.

Por último, creemos que no es casual que para estas novelas de fantasmas se elija el interior del país como escenario; que se elijan amplias zonas de territorio poco poblado y no el frenesí de las grandes ciudades y las capitales urbanas. Creemos que la respuesta a estas decisiones la da el mismo Martínez Siccardi en su novela, en la voz de uno de sus personajes que dice lo siguiente: “En un sitio como éste [refiriéndose al campo] hay que controlar la tendencia de la mente a poblar lo inhabitado”.

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